viernes, 23 de octubre de 2009

Don Lipe / por Rápido y Furioso

Hace poco el alternador de mi charnelito dejó de funcionar por tercera vez en lo que va del año. Era de noche, pasadas las once, y andaba en una zona desolada y un cacho peligrosa, así que me tuve que ir despepitado, sin hacer alto en las esquinas ni frenar en los semáforos rojos; todo con tal de evitar que el carro se me apagara.

 

Cuando llegué a mi casa, que queda hasta la chingada, la batería casi no daba ya, apenas encendían las luces. Se miraba tan gacho que me fui en un par de hoyos de esos que parecen hechos adrede para doblar aros, pero logré llegar sin quedarme a medio camino. Menos mal.

 

Al día siguiente llamé a don Lipe, el mecánico. Le expliqué. Se excusó. “Perdone”. “Qué pena”. “Disculpe”. Lo mismo de siempre. Yo no sé por qué sigo yendo con él. Tal vez porque, en el fondo, lo siento sincero y me cae bien porque no se anda con tantas babosadas.

 

Quiero decir: sí se anda con babosadas, pero no tantas como los otros que he conocido, que de una vez parece que salen graduados con honores de la universidad de los pajeros: “Mañana a las cuatro sin falta se lo tengo”. Y al día siguiente, a las cuatro: “Todavía no se lo tengo, fíjese”. “Fíjese que tuvimos un problemita”. “Es que fíjese que no había repuesto”…

 

Don Lipe no. Don Lipe a veces se atrasa en los trabajos, y a veces tiene problemas para arreglar los alternadores, pero por lo general es al pan, pan y al vino, vino. Tiene cara de bravo, es de hablar golpeado, tiene un carácter de pocas pulgas y pareciera como si se mantuviera medio a pichinga todo el tiempo, pero cobra barato, trabaja bien y casi siempre entrega a tiempo.

 

Lástima que tenga la mala costumbre de huevearme gasolina cada vez que dejo el carro en el taller. A mí lo que me cae mal no es que me robe, sino que crea que soy maje y que no me doy cuenta. Por eso, desde hace un tiempo, cada vez que se lo entrego, se lo entrego vacío.

 

Vamos a ver si ahora sí me deja bueno ese maldito alternador.