¿Cuántos muertos van ya? Unos 200, sólo en lo que va del año. ¿Y los del año pasado? Son tantos, que lo normal es que pierda uno la cuenta. ¿Para qué guardar el registro, si las noticias se encargan de recordárnoslo cada vez que se suma uno más a la trágica lista (es decir, un día sí y otro también)?Busos los buseros, porque quiere ganas exponerse de esa manera al peligro de las extorsiones y porque se fajan el lomo chambeando todo el día. Abusados, porque la mayoría se las puede y echa punta parejo: son más los que siguen al pie del cañón que los que han cambiado de oficio, y son más los que han cambiado de oficio que los que han caído (como víctimas o como cómplices).
Y abusadores, porque en su mayoría son imprudentes para manejar, desatentos con los pasajeros y aprovechados a la hora de cobrar de más y no extender el ticket.
Es cierto que no ha de ser nada agradable pasarse el día entero mal sentado en un respaldo incómodo,tragando humo, aguantando bulla, carrereando para ganarle el pasaje a los otros buses y recibiendo sacadas de madre a diestra y siniestra por parte de conductores de carros y motos impacientes y apresurados, pero eso no les da derecho a manejar como energúmenos, ni a sobrecargar las unidades, ni a maltratar a la gente,ni a estafarla con tarifas que no son las autorizadas.
Dicen que todo eso se va a arreglar pronto, con el nuevo sistema prepago. Ojalá sea cierto, porque el problema de fondo es que nuestro sistema de transporte público, en realidad, no es público. Es privado: lo operan y lo administran empresas cuya prioridad no es ofrecer un mejor servicio, sino obtener una mayor ganancia.
“¡Por eso es que después te matan, cerote!”, le oí gritar la otra vez a un pasajero que iba a la par mía, indignado con el chofer porque nos estaba cobrando el doble por ser domingo en la noche.

