
UN AMIGO INSISTE EN QUE PONIENDO UNA BOBINA MÁS POTENTE AUMENTARÍA LA CHISPA DE LAS BUJÍAS Y POR ELLO LA POTENCIA.
¿CUÁL DEBO PONER, QUIZÁ LA DE UN AUTOMÓVIL MÁS POTENTE?
Las máximas negligencias y malentendidos son siempre relativos a los cables de las bujías, y para entenderlos hay que compararlos con un afluente de agua. La electricidad, al igual que el agua, siempre buscará el camino que menor resistencia le ofrezca y esta debilidad la puede encontrar en un cable de bujía aplastado, retorcido o húmedo.
Existen cables elaborados con silicona y caucho que no son la mejor solución, ya que ofrecen mucha resistencia al paso de la corriente. Lo ideal es que sean cien por cien de silicona, ya que en éstos no hay fugas ni siquiera a altos voltajes.
Teniendo en cuenta que la corriente que va a llegar a las bujías depende básicamente de los cables, no existe ningún motivo que justifique el tenerlos viejos, con grietas o de baja calidad. Ahorrar en ellos es tirar el dinero.
Una bobina excesivamente potente producirá sobrecalentamiento de las bujías y la consecuencia inmediata es la aparición del autoencendido y su secuela de daños serios. Además de esto, los gases no se quemarán completamente y estaremos desperdiciando gasolina, la cual se irá por el colector de escape sin ser utilizada. Tendremos poca potencia y mayor consumo.
La única manera de que una bujía pueda dar el rendimiento correcto es que su forma de evacuar el calor inmediatamente sea la adecuada al motor, siendo esto especialmente importante en los motores turbo.
Si el grado térmico no es el adecuado y se sobrecalienta, es posible que se rompa el aislante central, deje de funcionar y la parte rota dañe la cabeza de la válvula e incluso raye el cilindo.
La mayoría de los automóviles llevan el mismo tipo de bobina, los de 50 CV lo mismo que los de 200 CV. Las que incorporan los automóviles de carreras no son aptas para los vehículos normales.
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